Le dices qué se te antoja, con tus palabras, y te propone tres lugares de Santiago. No una lista de cuarenta ordenada por quién pagó más.
Gratis, sin tarjeta y sin aplicación que descargar.
Buscar comida obliga a saber de antemano qué palabra escribir. Un antojo casi nunca tiene esa forma: es «algo picante», «algo cerca», «algo que no sea caro». Eso sí se puede decir, y es lo que la pantalla te pide.
La respuesta siempre tiene la misma forma: una que ya conoces, para no arriesgar cuando no quieres arriesgar; una que te falta, que es a lo que vinimos; y una donde tus puntos valen.
Cuando te nombra un lugar es porque lo consultó en el catálogo. No inventa restaurantes.
Ejemplo. En la aplicación los lugares salen del catálogo, nunca de la imaginación del chat.
La boleta electrónica existe por ley, la emite el restaurante y queda en tus manos. Dice dónde comiste, qué día y por cuánto. No hay otro documento que diga eso: la caja del restaurante registra el consumo, no quién entró por la puerta.
Por eso acá la boleta es la moneda. Tú nos la entregas a cambio de puntos, y esa misma boleta es la prueba con la que le cobramos al restaurante por haberte llevado, cuando eres alguien que no había ido nunca.
De ahí sale la regla que más te conviene: en un lugar donde no habías comido, los puntos valen ×2. No es una promoción. Es que esa boleta vale más para nosotros, y te la pagamos mejor.
Le sacas una foto a la boleta, del restaurante que sea, esté adherido o no. Tienes 72 horas desde que te la dieron.
Un punto por cada $100 de consumo, sin contar la propina. Y el doble si es un lugar donde no habías ido.
Los cambias por un 20% de descuento en cualquier restaurante adherido. Lo muestras en la mesa y listo.
Los programas de puntos esconden los topes hasta que ya estás adentro. Acá están todos, y son los mismos que aplica el sistema cuando escaneas: ninguna de estas cifras vive en un documento aparte.
Si alguna cambia, cambia para todos y se ve en esta misma tabla.
Programa vigente
Ningún restaurante recibe tu nombre ni el rastro de dónde más comes. Lo que ve el local es cuántos comensales nuevos le llegaron. El uso publicitario se pide aparte, se puede rechazar, y rechazarlo no te quita nada.
El sello de adherido significa una cosa y solo una: que ahí puedes canjear. No te pone primero en la respuesta ni empuja a nadie hacia arriba. Te mostramos todo Santiago, adheridos o no.
Sin suscripción, sin mínimo mensual y sin comisión por la gente que ya iba a llegar.
apetitoff parte con un grupo chico de restaurantes en Santiago. Anótate y te escribimos cuando abramos donde tú comes.
Dinos también qué se te antoja hoy. Esa frase es la que el chat va a tener que resolver, y las primeras las leemos una por una.